Se Perfila Una Temporada Récord Sin Huracanes en el Atlántico por El Niño
Los expertos piden no bajar la guardia porque basta una sola tormenta para provocar una catástrofe

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Los expertos piden no bajar la guardia porque basta una sola tormenta para provocar una catástrofe

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El Atlántico sigue tranquilo durante la temporada de huracanes y se perfila a romper un récord sin tormentas en esa zona debido a un fenómeno de El Niño, que sigue ganando fuerza.
Hasta ahora no se ha formado ningún huracán en el Atlántico y no es probable que se desarrolle alguno en el corto plazo, pues ya pasó el punto máximo de la temporada, según el Centro Nacional de Huracanes (NHC, por sus siglas en inglés).
Si todo continúa así, se romperá el récord de la fecha más tardía en que se ha formado un huracán en el Atlántico desde que comenzaron los registros satelitales, en la década de 1960. Hasta la semana reciente, el récord era del 11 de septiembre, registrado en 2002 y 2013.
En los 175 años de registros del Atlántico, solo ha habido dos temporadas completas sin ningún huracán: 1907 y 1914, de acuerdo con The Washington Post.
Sin embargo, los especialistas piden no bajar la guardia, pues basta una sola tormenta para provocar una catástrofe, incluso durante un fenómeno de El Niño. Varios expertos señalaron como ejemplo 1992, cuando la temporada comenzó tarde, pero lo hizo con fuerza y con el devastador huracán Andrew.
Para este 16 de septiembre no se observa ninguna actividad riesgosa, según imágenes de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés).
El pasado sábado, 2026 estableció un récord como el año en que más tiempo ha transcurrido desde el inicio de una temporada sin que se forme una tormenta que alcance vientos de 119 km/h, la velocidad mínima para ser considerada huracán, al menos desde la era de los satélites, dijo Nick Novella, meteorólogo del Centro de Predicción Meteorológica del gobierno estadounidense.
"El 10 de septiembre marca el pico climatológico de la temporada de huracanes del Atlántico, sin embargo, la cuenca permanece notablemente tranquila", publicó el NHC la semana pasada.
En la cuenca del Atlántico, una temporada de huracanes típica registra 14 tormentas con nombre, de las cuales siete llegan a convertirse en huracanes, incluidos tres de categoría mayor. Pero hasta este miércoles, no se ha formado ninguno.
Antes de la década de 1950 hubo algunos años en los que no se registraron huracanes tan avanzada la temporada, pero los meteorólogos no consideran confiables esos registros porque el monitoreo de los océanos no era completo.
La actividad general de los huracanes, medida que toma en cuenta el número de tormentas, su intensidad y cuánto tiempo duran, también se encuentra en un mínimo récord desde 1950, según Phil Klotzbach, experto en huracanes de la Universidad Estatal de Colorado. La actividad de tormentas en el Atlántico representa apenas 7% de lo normal para esta época del año.
"Es realmente impresionante lo poco favorable que está el Atlántico para que algo pueda convertirse en un ciclón tropical en este momento", dijo a la AP Kristen Corbosiero, profesora de Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Albany.
"Cualquier sistema que intenta formarse recibe un golpe triple": vientos que descabezan la tormenta, aire seco que la debilita y corrientes descendentes que prácticamente la aplastan, explicó.
Esas tres condiciones son efectos clásicos de El Niño, un fenómeno natural y temporal que provoca el calentamiento de algunas zonas del Pacífico ecuatorial y altera y eleva las temperaturas en distintas partes del mundo, explicaron cinco expertos a The Associated Press.
"Está golpeando con fuerza al Atlántico. Es impresionante", dijo Klotzbach. "Ni siquiera hemos tenido algo que realmente se acerque a ser un huracán".
El principal efecto de El Niño sobre el Atlántico es una cizalladura del viento de intensidad récord. Este fenómeno ocurre cuando fuertes vientos del este golpean un sistema de tormentas en las capas bajas de la atmósfera, mientras fuertes vientos del oeste lo empujan en la dirección contraria en las capas superiores. El resultado es que los vientos "despedazan" la tormenta, explicó Corbosiero.
En la zona entre África y el Caribe, donde normalmente se forman los huracanes más fuertes antes de avanzar hacia el oeste, la cizalladura del viento es unos 74 km/h mayor que el nivel que un ciclón tropical puede soportar, señaló Corbosiero. Es un nivel nunca antes visto, afirmó.
"Les cortan la cabeza antes de que siquiera tengan una oportunidad", dijo Brian McNoldy, experto en huracanes de la Universidad de Miami.
La única zona donde la cizalladura del viento no ha sido elevada es el Golfo de México, y las tormentas suelen intensificarse en esa región más adelante en la temporada, por lo que todavía podrían formarse algunos sistemas fuertes, advirtieron Corbosiero y otros expertos.
Además del aire seco que debilita las tormentas, el polvo proveniente de África también las afecta y hay menos "semillas" de condiciones meteorológicas que puedan convertirse en tormentas, señalaron los expertos. Todas son condiciones clásicas asociadas con El Niño. En el Atlántico, además, las zonas de alta presión están empujando el aire hacia abajo, lo que también dificulta la formación de tormentas, explicaron.
Todo esto ocurre a pesar de que las aguas están cálidas: los océanos del mundo han registrado temperaturas récord durante 100 días, condiciones que normalmente alimentan las tormentas. Esto demuestra el poder de El Niño para contrarrestar ese efecto, dijo Klotzbach.
El problema es que, aunque las aguas del Atlántico están cálidas, no se han calentado casi con la misma rapidez que la atmósfera sobre ellas, que aumentó de temperatura rápidamente como parte de El Niño, explicó Kerry Emanuel, profesor de Meteorología del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
Su investigación encontró que, más que la temperatura del agua por sí sola, lo que importa es la diferencia de temperatura entre el aire y el océano. Debido a que los huracanes se alimentan del flujo de calor del océano hacia la atmósfera, cuanto mayor sea esa diferencia, menor será la actividad de tormentas.
Las aguas del Atlántico llevan unos meses de retraso respecto de la atmósfera para sentir los efectos de El Niño. Sin embargo, el próximo año, cuando El Niño disminuya y las temperaturas se acerquen a niveles normales, el agua cálida persistirá, lo que aumentará las probabilidades de que la próxima temporada sea especialmente activa, dijo Emanuel.
Así como El Niño suele disminuir la actividad de huracanes en el Atlántico, tiende a aumentar la actividad de ciclones tropicales en el Pacífico, donde hay aire húmedo y poca cizalladura del viento.
Hasta ahora, la actividad de tormentas en el Pacífico oriental es casi el doble de lo normal, y los huracanes han durado mucho más de lo habitual. En el Pacífico central, la actividad es aproximadamente 40% superior a lo normal.
"Es una fiesta allá afuera, una tormenta tras otra en el Pacífico oriental", dijo Klotzbach.
Mientras el Atlántico solo ha registrado cinco tormentas tropicales pequeñas, en el Pacífico oriental se han formado 16 tormentas con nombre y en el Pacífico central, 20.
Hawái ha sido afectado en dos ocasiones. El Niño tiende a desplazar las tormentas más hacia el oeste que en otros años, explicó Corbosiero.
Debido a que los científicos conocen desde hace tiempo los efectos de El Niño sobre la actividad de tormentas en ambos océanos, los meteorólogos habían pronosticado meses atrás una temporada de huracanes con poca actividad en el Atlántico.
Pero no se esperaba que la situación fuera extraordinariamente tranquila.
Con información de AP
ASJ

September 10 marks the climatological peak of Atlantic Hurricane Season, with most activity typically occurring from mid-August through mid-October. Despite the peak approaching, no Atlantic hurricanes have developed yet likely due to the influence of a strong El Niño. pic.twitter.com/GCCvYseZsx
— NHC_TAFB (@NHC_TAFB) September 4, 2026