El Estadio Sede CDMX es uno de los estadios más imponentes del mundo. Propios y extraños reconocen que es difícil jugar en él por la presencia intimidante de la afición, pero también por la altitud de la Ciudad de México. ¿Es verdad que la altura afecta a los jugadores?
La Ciudad de México tiene una altura promedio de 2 mil 240 metros sobre el nivel del mar.
Hay un estadio mexicano entre los de mayor altitud del mundo y no es el Estadio Sede CDMX.
La altitud afectaría a la oxigenación del cuerpo, lo que puede afectar al desempeño de los deportistas.
El Estadio CDMX que intimida por su altitud
El Estadio Sede CDMX es uno de los recintos históricos del futbol mundial. En su cancha se han celebrado partidos legendarios, con figuras como Pelé, Beckenbauer y Maradona. Por ello, y por la fuerza de la afición mexicana, las escuadras visitantes se sienten intimidadas cuando llegan al “Coloso de Santa Úrsula”.
Pero, además de la localía, hay otro factor que descoloca a los adversarios: la altitud de la Ciudad de México. La capital se ubica en promedio a 2 mil 450 metros sobre el nivel del mar, una característica que ha asombrado a los visitantes desde hace siglos.
Cuando el naturalista alemán Alexander von Humboldt llegó al valle de Anáhuac en el siglo XIX, midió su altura, se maravilló por el cielo prístino y no dudo en escribir: “Viajero: has llegado a la región más transparenten del aire”. La frase, retomada por Alfonso Reyes en Visión de Anáhuac y por Carlos Fuentes, hoy parece una ironía sobre la contaminación, pero nació como un reconocimiento a los cielos altos de la capital.
La fama por la altitud desafiante de la Ciudad de México no solo es vigente en el siglo XXI; también es motivo de disputa y debate en el deporte. En el Mundial 2026, no pocos han señalado que la altura ha influido en los triunfos de El Tri.
Y los propios adversarios han señalado que es un riesgo asociado al Estadio Sede CDMX. Cuando la selección de Ecuador aterrizó en la capital, su entrenador, Sebastián Beccacece, admitió que su equipo no se preparó en ese tema:
“No nos hemos preparado en ningún aspecto con el tema de la altura”.
El argentino señaló que, pese a que Quito tiene una altitud mayor, de 2 mil 850 metros, los jugadores ecuatorianos no acostumbran a jugar en esas condiciones. Thomas Tuchel también se quejó de esta característica del estadio.
Después de conseguir el triunfo ante la República Democrática del Congo, , el director técnico alemán mencionó que Inglaterra tendrá “muchísimos obstáculos” con México. Y añadió:
“Sin mencionar que la altitud será, por supuesto, una gran desventaja, porque no podemos adaptarnos físicamente en cuatro días. Es simplemente imposible, y puede que surjan más obstáculos”.
¿Cómo influye la altura en nuestra respiración?
Hay que retroceder un poco para entender por qué las selecciones temen la altura de la Ciudad de México; y por qué a los jugadores de la Liga MX parece no importunarles. Lo primero que hay que entender qué pasa cuando uno asciende cientos o miles de metros sobre el nivel del mar.
La explicación cotidiana es que “hay menos oxígeno”, pero esta es apenas la mitad de la historia. La atmósfera no es uniforme alrededor del globo; en todo el mundo el aire se compone de oxígeno, nitrógeno y argón, como nos enseñó la canción de Mecano, pero esta característica no es lo único que permite que un ambiente óptimo sea para nuestra respiración.
Igual de importante es la presión del aire. No basta con estar rodeados de oxígeno, también debe estar en la cantidad suficiente y debe entrar con la fuerza suficiente a nuestros pulmones; y este parámetro no es idéntico para cada punto del planeta.
Cualquier persona que haya pasado mucho tiempo en una alberca habrá notado que no es lo mismo flotar cerca de la superficie que llegar hasta el fondo. A medida que descendemos, especialmente en albercas hondas, como aquellas con fosa de clavados, surge una molestia en los oídos. Esa es la presión del agua. Cuando uno desciende mucho, todas esa agua ejerce una fuerza sobre nosotros.
En una alberca puede hacer que nos duelan los tímpanos, pero en el fondo del mar puede colapsar nuestros pulmones. La presión a kilómetros de profundidad es tan extrema que puede destruir un submarino en pedazos, como terriblemente descubrió el público con la implosión del sumergible Titán de OceanGate en 2023.
Este mismo fenómeno se repite para los humanos a nivel del mar: nosotros vivimos en el fondo de un océano que no es de agua sino de aire. Y toda esa masa ejerce una presión sobre nosotros. La presión atmosférica a nivel del mar es idónea para la actividad física.
¿Pero qué pasa si vamos subiendo de altitud?
A medida que subimos la presión va a bajar; y por lo tanto menos aire estará disponible para nuestro pulmones. Para los habitantes de la Ciudad de México el cambio puede parecer menospreciable.
No obstante, no pocos turistas reportan cada año ligeros mareos y dolor de cabeza al aterrizar en la capital. No es solo la contaminación: es que sus pulmones tienen disponible menos oxígeno del que acostumbran.
En su versión extrema, esta falta de aire, o hipoxia, deriva en un síndrome llamada mal de montaña, que puede volverse molesto a los 2 mil 500 metros de altura.
¿Cómo afecta la altitud a los jugadores de futbol?
Tal vez un turista tenga dolor de cabeza un par de horas y después se adapte a la altura. Pero en el ámbito del deporte profesional estos cambios pueden ser cruciales para el desempeño.
Muchos recordarán que la corredora Ana Guevara se preparaba para los Juegos Olímpicos pasando largas temporadas de entrenamiento en el área del Nevado de Toluca. Esta práctica es común entre corredores, quienes adaptan sus pulmones a la falta de oxígeno a casi 4 mil metros de altura.
El motivo es que al volver al nivel del mar, los pulmones tienen un desempeño ligeramente mayor, pues se han adaptado a funcionar en un ambiente donde hay menos oxígeno. La diferencia puede ser casi imperceptible para una persona común, pero para un atleta puede ser la diferencia entre subir al podio o quedar descalificado.
Y este fenómeno ocurre también en el futbol. Hay una acalorada discusión sobre qué tanto afecta la altura a los jugadores profesionales, pero la gran mayoría de estudios científicos admiten que influye en el desempeño.
El Mundial de 2010 en Sudáfrica fue una oportunidad única para medir qué tanto influía la altitud en los jugadores. Como las sedes incluían a Johannesburgo, a mil 700 metros sobre el nivel del mar, y otros estadios en tierra bajas, se pudo medir cómo afectaba al rendimiento.
Apenas a mil 200 metros de altitud, la distancia total recorrida en un partido disminuía en un 3.1%. Este porcentaje puede parecer menor, pero es la diferencia entre un gol y un ataje en un partido de campeonato. Al respecto el estudio concluía que los jugadores tenían una menor resistencia, aunque no jugaban necesariamente peor:
“Jugar al fútbol por encima de los mil 200 metros tuvo efectos negativos en la resistencia, pero no en las habilidades técnicas durante los partidos de la Copa Mundial de 2010”.
El estudio que reveló cómo afecta la altitud a los fubolistas de élite
No menos notables son los resultados de un estudio elaborado por científicos de la Universidad de Victoria y publicado en el British Journal of Sports Medicine. La investigación partió de una premisa digna de comedia: ¿qué pasa si se junta a futbolistas australianos, que solo juegan a nivel de playa, con futbolistas bolivianos, que juegan en la montaña, muy cerca del cielo?
Los científicos reunieron a veinte futbolistas australianos y diecinueve bolivianos. Solo jugaron cinco partidos, dos a nivel del mar y tres en La Paz, a 3 mil 600 metros de altura. Aunque los datos son limitados, sus resultados sugerirían que la ventaja no es tan grande como podría suponerse para los jugadores de altura.
Los australianos corrían una distancia menor a gran altura, pero no perdían potencia durante un sprint. Es decir: hacia el final del partido, sin duda habían resistido menos, pero en las carreras cortas no había diferencias insalvables con los bolivianos.
La altitud no sustituye ni al talento ni la técnica
Paradójicamente, el estudio arrojaba también que los bolivianos también podían verse afectados por la altura; de hecho vivir a gran altura podía perjudicarles en algunas pruebas. Ante estos resultados, los científicos lanzaron dos conclusiones:
Por un lado, la altitud elevada reduce la distancia recorrida por los jóvenes futbolistas de élite durante los partidos.
Ni 13 días de aclimatación ni la residencia de por vida en altitud protegen contra los efectos perjudiciales de la altitud en el perfil de actividad durante los partidos.
La altura es una ventaja, sí, pero no una sentencia. Y, aunque el Estadio Sede CDMX se ubica a una gran altitud, dentro de nuestro propio país hay canchas aun más desafiantes, como el Estadio Nemesio Diez, en Toluca, a 2 mil 600 metros de altura. La altitud no sustituye ni al talento ni la técnica.