Rigel muestra una cicatriz gruesa sobre su muñeca izquierda. Parece la marca de una quemadura pero es algo mucho más profundo; el recuerdo de un intento de suicidio en la vía pública, en el Monumento a la Revolución en la Ciudad de México.
"Ya estaba a punto de irme, ya no quería saber nada de la vida. Yo consumía piedra y activo. A veces solo comía una vez al día, a veces no comía", relata.
Dos personas llamaron a una ambulancia y atendieron a Rigel, una mujer trans de 45 años. Estuvo dos días hospitalizada, le tuvieron que reconstruir los tendones de la mano. Ella cuenta que, antes del intento de suicidio se dedicaba al trabajo sexual en la zona centro de la capital. Dice que además vendía "vicio" (drogas) y que eso le generó problemas; la golpeaban constantemente e incluso la amenazaban de muerte.
Antes de llegar a esta situación, Rigel era enfermera. Asegura que la muerte de su madre la hizo caer en depresión; después vinieron las drogas y las noches en el asfalto.
Un día, en septiembre de 2024, mientras estaba en las calles, llegó a la zona una brigada de la organización Lleca a repartir condones a las trabajadoras. Rigel les contó su situación y les pidió ayuda. No dudaron en apoyarla. Se fue a su refugio y ese momento le cambió la vida. “Me salvó la vida”, dice.
"Fue un cambio muy bonito, la verdad. Me trataron con mucho respeto, mi identidad la aceptaban. Empecé con tratamiento hormonal. Volví a recuperar mi vida. Ahorita ya estoy gordita, estaba yo súper flaca. Sí se nota la diferencia", afirma.
Rigel, que actualmente se prepara para ser la coordinadora de la nueva Casa Lleca, es una de las decenas de personas que han sido apoyadas por la organización.
Creada y liderada por la activista Victoria Sámano en el pico de la pandemia en 2020, Lleca se ha convertido en el primer refugio y comedor comunitario en la Ciudad de México para personas LGBT+ en situación de calle o vulnerabilidad.
Casa Lleca (la palabra calle al revés) se ubicaba en un pequeño departamento en la colonia Peralvillo, en la alcaldía Cuauhtémoc, desde ahí resistía pagando renta y recibiendo a más personas de las que podía albergar. A la par inició con el Comedor del Bienestar, que hasta la fecha prepara alrededor de 200 a 300 porciones de comida de lunes a viernes para la población vulnerable de la zona.
Pero ese espacio no era suficiente. Es por eso que en 2025, Victoria y otras mujeres de la comunidad trans exigieron al Instituto de Vivienda de la CDMX, el INVI, que les diera un lugar digno para habitar, ya que la comunidad vive múltiples trabas y discriminación cuando intenta adquirir un departamento.
La falta de respuesta las llevó a protestar en las calles, pero la manifestación del 13 de febrero de 2026 fue diferente, ese día el bloqueo en Paseo de la Reforma y Eje 2 Norte terminó en un enfrentamiento con la policía capitalina. Las mujeres trans fueron encapsuladas, golpeadas y trasladadas a un juzgado cívico, donde en todo momento se dirigían a ellas como “hombres”, sin respetar su identidad de género.
Días después de ese altercado, a inicios de marzo, Lleca recibió del gobierno de la Ciudad una casa en la colonia Hank González, en la alcaldía Iztapalapa.
El lugar es grande y tiene capacidad para albergar, cómodamente, a 35 personas, aun respetando el patio y las áreas contempladas para esparcimiento o estudio.
En la única habitación habilitada como dormitorio hasta ahora se observa a las 10 usuarias que se mudaron al lugar desde el refugio anterior y cinco más que llegaron en días recientes.
Victoria mira con esperanza el espacio, al que le faltan ventanas, camas, puertas, agua y muchas cosas más, pero ella no tiene duda en que será un hogar que levantarán juntas, poco a poco.
"Nos mandaron muy lejos, para que no andemos de revoltosas". dice Victoria en tono de burla, y agrega que esta casa en rehabilitación representa “años de constante lucha, de por fin lograr uno de los objetivos principales: tener un espacio grande donde puedan caber más personas, donde tengan privacidad y vivan cómodas", dice.
"Son personas que ya llevan habitando bastante tiempo en el espacio público y cuando llegan aquí, físicamente están muy deterioradas; emocionalmente también, porque allá afuera se vive muchísima violencia", añade.
Cuando Victoria habla de "violencia" no es una exageración, las cifras son alarmantes. Entre 2023 y abril de 2026 se registraron 222 asesinatos y 110 desapariciones de personas de la comunidad LGBT+ en México, según datos del Observatorio Nacional de la Fundación Arcoiris.
México, además, es el segundo país de Latinoamérica con más crímenes de odio contra la comunidad, solo después de Brasil. Las mujeres trans son el sector más vulnerable.
La rehabilitación de las usuarias de Lleca no ocurre de la noche a la mañana, es un proceso complejo y diferente para cada una. Male, la psicóloga del refugio, cuenta que la mayoría de ellas llegan en un estado muy deteriorado por haber vivido en la calle y, en la mayoría de casos, consumido sustancias.
Ella hace una evaluación y canaliza a las personas a los servicios de salud públicos, en especial a las áreas de salud mental.
"Hay quienes solamente vienen y nos dicen: 'No, yo solamente quiero pasar un ratito'. Comen, cotorrean con otras usuarias y se van. Pero hay quienes dicen: 'Yo quiero una intervención full completa'; y a lo mejor pueden ser seis meses o un poquito más. La idea es que ellas adquieran herramientas para que, en algún momento, puedan salir de este espacio y puedan ser independientes", señala.
Pero las usuarias de Lleca no siempre vienen de las calles. Lala, por ejemplo, llegó al refugio en enero de 2025 saliendo del Reclusorio Norte en la Ciudad de México. Ahí estuvo 5 años. Cuenta muy poco de su pasado, pero comenta que ella estaba en una cárcel en otro país y que fue extraditada a México bajo el Tratado de Estambul. En la prisión jamás ocultó su identidad como mujer trans; un acto de valor en un entorno donde se viven distintos tipos de violencia.
"Estábamos seccionadas como población LGBT, pero el machismo y la discriminación persisten, incluso por parte del personal. Toda la cárcel es pesada. No se lo deseo a nadie", comenta.
Lala estudiaba ingeniería en audio en una de las escuelas privadas más reconocidas de la CDMX, la "G Martell". Además toca la guitarra. Dice que su adicción al alcohol limitó su crecimiento profesional.
Mientras ella estaba en el reclusorio, su madre falleció. El duelo tuvo que ser interno, silencioso: "la misma crudeza del lugar te hace digerirlo rápido, porque si no hacen leña de ti. No puedes llorar".
Con la muerte de su madre, ella descubrió que no tenía un hogar adonde volver. Sus hermanos habían seguido sus vidas y no mantenían una buena relación.
Lleca se convirtió entonces no solo en un techo, sino un "destino de esperanza". Incluso se le ilumina el rostro cuando menciona que colabora en el comedor comunitario de lunes a viernes y que toman talleres de ballroom, clases de maquillaje y próximamente de lectura o música.
Aquí, Lala y otras personas reconstruyen la idea de la "familia", del "hogar". En un país donde la esperanza de vida para una mujer trans es de apenas 35 años, tener un lugar donde pensar en el futuro es un acto revolucionario.
La nueva etapa de Casa Lleca en Iztapalapa ya inició, así, en medio de paredes con pintura corroída o cables de luz pelados. Victoria Sámano asegura que pronto instalarán un comedor comunitario, como el que tienen en la colonia Peralvillo, para emplear a las usuarias del refugio y sostener su alimentación. En la barda del patio pintarán un mural que representará su lucha y a las personas que han transitado por Lleca.
En este patio en la periferia de la Ciudad de México la violencia contra la comunidad LGBTQ+ parece quedar del otro lado de la barda. Aquí, las personas sienten que el futuro les pertenece otra vez.
Si quieres hacer alguna donación a Casa Lleca, puedes contactarlas en sus redes sociales: @lleca_org o al número 5527533598
Con información de Jafet Tirado