Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) urgieron a tomar medidas preventivas por los posibles impactos del fenómeno meteorológico El Niño en México, que podrían ser desde temperaturas extremadamente altas hasta mayores sequías y más número de días con mala calidad del aire.
En conferencia de prensa, cuatro científicos de la Máxima Casa de Estudios destacaron que los efectos no serán iguales en los diversos estados de la República Mexicana, sino que serán diferenciados debido a las particularidades de cada región y si se trata de ciudades o zonas rurales.
Jorge Zavala Hidalgo, experto del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, explicó que los impactos esperados en 2026-2027 serán diversos y ocurrirán en las distintas etapas de desarrollo del fenómeno climático.
Por ejemplo, dio a conocer que se prevé un aumento en la probabilidad de que se desarrollen huracanes de categoría mayor de septiembre a noviembre de este año.
También pronosticó aumento en el número de frentes fríos, de su severidad y duración de condición de norte en la temporada otoño-invierno.
Pero respecto al año siguiente, advirtió que se prevén temperaturas anómalamente altas en mayo y junio.
“Realmente sí esperamos que se rompan los récords que se rompieron en 2024. Es muy probable que tengamos récords de temperaturas altas, el año más caliente en la historia del territorio nacional y del planeta durante 2027 y tenemos que prepararnos para ello”, enfatizó.
Otros posibles efectos de El Niño el siguiente año podrían ser más ondas de calor, probable sequía en el centro, sur y sureste entre abril y junio; aumento de incendios entre febrero y junio; mayor número de días con mala calidad del aire; precipitaciones muy bajas en la primavera, expuso.
El investigador Alejandro Jaramillo Moreno manifestó por su parte que cada fenómeno de El Niño genera cambios muy diferentes dependiendo de la región. Comentó que actualmente este evento climático ya está presente, pues se cumplieron sus dos componentes: el oceánico y el atmosférico.
Alertó además que, de acuerdo con los pronósticos de organismos meteorológicos internacionales, El Niño va a evolucionar y “muy probablemente se va a intensificar para llegar a un máximo en el periodo del invierno boreal”.
“Esperamos que este evento pueda ser intenso, incluso podría ser uno de los más intensos” de los registros desde 1950.
En este panorama, ambos expertos dijeron que es importante que el país esté preparado y que se aumente la vigilancia, pues aunque no se puede saber con absoluta certeza qué impactos habrá, sí hay certeza de la probabilidad de que ocurran.
Zavala Hidalgo detalló que hay que estar preparados principalmente para las olas de calor, por lo cual instó a los tres niveles de Gobierno a crear refugios con ese fin, que sean sitios frescos, con capacidad de hidratación y primera atención médica, pues refirió que “no son tres o cuatro municipios, sino la mitad del país la que puede estar en una onda de calor en un momento dado”.
También llamó a mantener centros de hidratación en distintos lugares, proporcionar mucha información a la ciudadanía e implementar protocolos de atención a la salud.
En este mismo sentido, la investigadora Carolina Ureta Sánchez externó la necesidad de alertas tempranas, que puedan avisar a productores sobre las condiciones meteorológicas y así puedan tomar decisiones de qué y cuándo sembrar.
Y es que según la experta, El Niño no es solo un fenómeno meteorológico, sino que también puede convertirse en un problema de seguridad alimentaria.
Afirmó que no se trata de saber cuánto va a llover, sino quién tiene las herramientas para enfrentar cuando llegue mucha lluvia o cuando no llegue.
Mientras que la especialista Elda Luyando se refirió al impacto en las ciudades; dijo que la vulnerabilidad en que se encuentra cada una de ellas es potenciadora de los efectos del fenómeno.
Por ello comentó que las medidas también tienen que ser diferenciadas y compartió el llamado a que haya albergues con aire acondicionado y que la gente tenga acceso a ventiladores.
“Si vamos a tener olas de calor más frecuentes e intensas, se necesitan medidas a largo plazo, que haya una respuesta adecuada a la demanda de energía eléctrica, a los servicios de salud, de agua para toda la población y saber de qué manera se puede utilizar esto estratégicamente en una ciudad y otra”, abundó.
SPB