En la Cueva de los Avendaños, en el centro de Chihuahua, arqueólogos han encontrado los restos momificados de una guacamaya. Esta ave fue sagrada para múltiples culturas del noroeste de México, así como del suroeste de Estados Unidos.
En sitios arqueológicos de Estados Unidos, como el cañon del Chaco, en Nuevo México, previamente se habían encontrado restos de guacmayas. Estos animales no son originarios de la región, por lo que se presume que eran transportados desde Mesoamérica, en la región tropical, hacia Aridoamérica.
Una prueba de su importancia está en la recién publicada antología Poesía indígena del norte de México (Tusquets), donde Gabriel Zaid recupera un poema tarahumara dedicado a la guacamaya:
La pitahaya está madura
Vamos a comerla
Cortemos carrizos
La guacamaya viene de la tierra caliente
para adelantarse a nosotros
Estos versos revelan que las guacamayas eran asociadas a la prosperidad y la fertilidad dentro las culturas que florecieron en la región que hoy corresponde a los estados de Chihuahua, Sonora, Arizona y Nuevo México.
Ahora el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha dado a conocer el hallazgo de una guacamaya momificada al interior de una cueva en el municipio de San Francisco de Borja. En esta zona nunca antes se habían encontrado restos arqueológicos.
Según explicó el INAH, esta guacamaya momificada es la primera encontrada en un contexto arqueológico fuera de Paquimé, centro de la cultura homónima que estuvo habitado de forma continua desde inicios de nuestra era hasta la época colonial.
Se presume que, al haber sido hallada en una cueva, esta cabeza de guacamaya habría sido empleada en un ritual mortuorio. Los primeros estudios realizados indican que tendría unos 2 mil años de antigüedad.
Sobre el significado de estas aves sagradas, el INAH explicó en un boletín:
“Debido a su colorido plumaje, las guacamayas formaron parte fundamental del imaginario de estas sociedades, quienes las criaron para diversos fines, entre los que se cuentan los rituales”.