En el Mundial 2026, existen varios casos de jugadores que no nacieron en el país que representan, tal es el caso de Julián Quiñones, Álvaro Fidalgo, Obed Vargas, Bryan Gutiérrez, Santiago Giménez y Erlin Haaland, entre otros. Aquí los detalles del nuevo mapa del futbol, en la Copa del Mundo.
Marruecos vs Brasil, caso inédito
El pasado 13 de junio, durante el partido de Marruecos contra Brasil, ocurrió algo inédito. De un lado, los 11 jugadores de la selección brasileña eran natales de Brasil, mientras del otro lado, durante 25 minutos, no había en la cancha ningún jugador marroquí nacido en Marruecos.
Esta es la imagen más precisa de lo que está ocurriendo actualmente en el futbol y que se puede ver con claridad en el Mundial 2026: de los 1,248 jugadores convocados a este torneo, 289 no nacieron en el país que representan (23.15%). En Qatar 2022, 137 de los 832 futbolistas portaban la camiseta de una nación en la que no nacieron. El crecimiento de este fenómeno en las últimas dos Copas del Mundo ha sido significativo.
La expansión a un torneo con 48 selecciones podría explicar una parte del fenómeno, pero la realidad es que ese factor explica menos de lo que parece.
Migración de futbolistas
Existe la idea de que la migración de futbolistas es un fenómeno reciente, impulsado por la globalización y la migración moderna. Sin embargo, desde el primer mundial en 1930, el 8.4 por ciento de los seleccionados nacionales eran jugadores no nacidos en el país que representaban.
Para 1938, esa cifra llegó a 16.5 por ciento, similar a la de Qatar 2022. Pero en esa edición, el aumento fue una consecuencia de la guerra: luego de que Alemania anexó a Austria a su territorio en marzo de 1938, 9 seleccionados austriacos fueron obligados a jugar para Alemania durante la Copa del Mundo, lo cual disparó la cifra total.
Después de la Segunda Guerra Mundial y hasta 2018, el porcentaje de futbolistas extranjeros jugando en selecciones nacionales se mantuvo en menos del 9.5 por ciento, en parte porque en 1962 la FIFA introdujo criterios formales que restringieron la libertad de los jugadores para cambiar de camiseta.
Esas normas se flexibilizaron en 2004, cuando la FIFA permitió que los jugadores que hubieran representado a un país en categorías juveniles pudieran cambiar de federación antes de debutar con la selección mayor. Esa regla ha permitido que muchos jugadores que nacieron y se prepararon profesionalmente en Europa, puedan representar a los países de sus padres o abuelos en la Copa del Mundo.
En 2026, 40 de las 48 selecciones tienen, al menos, un jugador no nacido en su país. Sin embargo hay algunas en las que el fenómeno es estructural. Comenzando por Curazao, que de 26 jugadores convocados, 25 nacieron en Países Bajos. La razón es histórica, esta isla fue colonia neerlandesa durante años y sigue formando parte del Reino de los Países Bajos. La diáspora ha producido durante décadas talentos formados en las canteras del Ajax, PSV y Feyenoord.
Bajo la misma lógica colonialista, se encuentra República Democrática del Congo en segundo lugar, con 20 jugadores nacidos fuera del país. La estrella del equipo, Aaron Wan-Bissaka, lateral del West Ham nacido en Croydon, Inglaterra, y formado en las categorías juveniles inglesas, aceptó el llamado de la selección congoleña gracias a la nacionalidad de sus padres.
Siguiendo una lógica distinta, está Marruecos en tercer lugar, con 19 seleccionados no nacidos en su país. Desde principios de la década pasada, la Federación Real Marroquí de Futbol comenzó a enviar visores a Francia, Bélgica, Países Bajos y España para identificar jugadores de ascendencia marroquí formados en Europa.
Achraf Hakimi, capitán de Marruecos, nació en Madrid. Sofyan Amrabat, en Países Bajos. Yassine Bounou, en Montreal. Brahim Díaz, en Málaga. La generación dorada del futbol marroquí es, en su mayoría, marroquí solo por herencia.
Argelia (16 jugadores nacidos fuera, casi todos de Francia), Túnez, Senegal y Costa de Marfil operan bajo un esquema similar al de Marruecos, que pretende aprovechar la migración histórica hacia Europa para nutrir a su selección nacional con jugadores formados en ligas de élite.
Todos estos casos tienen algo en común: los jugadores no vienen de cualquier parte, vienen de un puñado de países que concentran la formación futbolística mundial.
Hermanos en el Mundial
La migración entre selecciones puede seguir lógicas distintas, desde herencias coloniales y patrones migratorios hasta el aprovechamiento del talento formado en las canteras europeas, decisiones familiares personales o cálculos deportivos individuales. Nada lo ejemplifica mejor que las cuatro parejas de hermanos que compiten en este Mundial defendiendo colores distintos.
Désiré Doué juega para Francia y Guéla Doué para Costa de Marfil. Iñaki Williams representa a Ghana y Nico Williams, a España, aunque comparten vestuario en el Athletic de Bilbao. Los escoceses Harry y John Souttar se dividen entre Australia y Escocia. Y Brian Brobbey defiende a Países Bajos mientras su medio hermano Derrick Luckassen eligió Ghana.
Esas historias familiares son casos individuales, pero a escala del torneo dibujan el mapa de un futbol que no conoce fronteras. Solo seis países europeos concentran a la mayoría de los futbolistas nacidos fuera del país que representan: Francia, Países Bajos, Alemania, Inglaterra, Suecia y España. Entre los seis suman 194 jugadores que hoy visten camisetas distintas a la del país donde nacieron.
Países que más exportan futbolistas
Francia encabeza con 75 futbolistas repartidos entre 11 selecciones distintas. 13 juegan para Argelia, 12 para Haití, 12 para Congo, 10 para Senegal, 8 para Costa de Marfil y 7 para Túnez. El destino de los franceses casi reproduce el mapa de sus antiguas colonias africanas y caribeñas.
Países Bajos concentra 24 de sus 43 exportados en Curazao, país que fue colonia neerlandesa hasta 2010. España manda 7 futbolistas a Marruecos, reflejo del vínculo migratorio entre ambos países desde el siglo pasado.
Mientras, Alemania, Inglaterra y Suecia distribuyen jugadores entre varias selecciones africanas, americanas y europeas.
En 2007 Sepp Blatter, ex presidente de la FIFA, advirtió que un torneo dominado por equipos "llenos de brasileños" naturalizados era un peligro real.
Pero fuera de ser un peligro, este fenómeno ha nivelado la cancha, redistribuyendo talento. Marruecos llegó al Mundial 2026 no solo como una selección competitiva, sino como una amenaza real para las potencias tradicionales. La Copa del Mundo es el reflejo de la globalización del talento deportivo.
Aquellos 25 minutos del partido entre Marruecos y Brasil, cuando ninguno de los 11 marroquíes en cancha había nacido en ese país, fueron la imagen de un torneo en el que la geografía del talento ya no dicta la geografía del poder.
El caso de México
Ellos son los jugadores naturalizados mexicanos que fueron convocados para representar a nuestro país, el Mundial 2026:
Álvaro Fidalgo, nacido en España.
Julián Quiñones, nacido en Colombia.
Obed Vargas, nacido en Estados Unidos, de padres mexicanos.
Bryan Gutiérrez, nacido en Estados Unidos, de padres mexicanos.
Santiago Giménez, nacido en Argentina.
Con información de Camila Peralta.