Esta semana, los Dodgers de Los Ángeles acapararon los titulares después de cambiar a tres jugadores de ligas menores por Tarik Skubal, pitcher estrella de los Tigres de Detroit y dos veces ganador del Cy Young de la Liga Americana.
Esto ha causado un debate por la manera en que los angelinos han construido un equipo que parece que ganará su tercer anillo consecutivo sin mucha oposición.
Y en que en un periodo de cuatro años, 200 millones de dólares más de nómina y una factura de más de mil millones que no vence hasta 2047, parece que el resto de las Grandes Ligas ya no quiere jugar bajo las mismas reglas que los Dodgers de Los Ángeles.
Un sistema que nunca tuvo freno de mano
Major League Baseball (MLB) es la última de las cuatro grandes ligas de Estados Unidos que no opera bajo un tope salarial. Desde 2003 existe el Impuesto de Balance Competitivo (CBT, por sus siglas en inglés, conocido coloquialmente como "impuesto de lujo"): un equipo puede gastar lo que quiera, pero si supera un umbral fijado en el convenio colectivo, paga una multa progresiva. No hay techo. Hay, cuando mucho, una penalización.
Ese diseño funcionó —o al menos disuadió lo suficiente— durante dos décadas. Y entonces llegaron los Dodgers.
La curva que preocupa a la liga
Entre 2023 y 2026, la nómina real que Los Ángeles desembolsa cada temporada casi se duplicó, y la cifra que cuenta para el impuesto de lujo —el promedio anual de cada contrato, o AAV— también se disparó muy por encima de cualquier otro equipo de la liga.
Crecimiento de la nómina real 2023–2026: +68.5%
Lo revelador no es solo el tamaño de las cifras, sino la tendencia: la brecha entre lo que los Dodgers pagan en efectivo cada año y lo que esa nómina "vale" para efectos del impuesto de lujo se ha ido cerrando. En otras palabras, la franquicia ha ido acercando su gasto real a su gasto contable —y aun así sigue estando muy por encima del resto de la liga en ambas columnas.
Para 2026, con una nómina CBT de 415.2 millones de dólares, los Dodgers operaban casi 170 millones por encima del techo que los propios dueños proponen ahora para 2027.
Y aquí está la clave que explica cómo lo lograron sin que el impuesto de lujo los frenara antes: los pagos diferidos.
El mecanismo: comprar hoy, pagar dentro de veinte años
El Artículo XVI del convenio colectivo de MLB no limita el monto ni el porcentaje del salario de un jugador que puede diferirse a años futuros. Los Dodgers convirtieron esa laguna en una estrategia de franquicia. El resultado es una deuda de casi 1,100 millones de dólares que la organización no empezará a saldar en su totalidad hasta dentro de varios años, y que se extiende, en algunos casos, hasta 2047.
El caso extremo, por supuesto, es Ohtani. De los 700 millones de dólares que firmó a diez años, solo cobra 2 millones reales por temporada hasta 2033. El resto —68 millones anuales— comienza a ser pagado a partir de 2034 y se extiende hasta 2043. Ese diseño le permitió a los Dodgers fichar al mejor jugador del planeta sin que su salario golpeara de lleno la nómina sujeta al impuesto de lujo en el momento de la firma. Legal, dentro de las reglas, pero devastador para la competencia.
“No rompieron ninguna regla. Usan el sistema”
El comisionado Rob Manfred lo ha reconocido en público: recibe correos de aficionados de otros mercados preocupados por la capacidad de sus equipos para competir frente a esta ola de gasto. Su respuesta oficial ha sido consistente: los Dodgers no violan ninguna norma, simplemente explotan al máximo un sistema que se los permite. Pero esa misma explicación es, para el resto de la liga, el problema: si el impuesto de lujo ya no disuade a los grandes mercados, entonces el impuesto de lujo dejó de cumplir su función original.
Ningún equipo de mercado pequeño ha ganado una Serie Mundial desde los Reales de Kansas City en 2015. Y mientras los ingresos de la liga han crecido 247% desde 2003, la nómina de los jugadores como conjunto solo ha subido 149% en el mismo periodo, un argumento que los dueños usan para presionar por un cambio estructural, aunque no diga nada, por sí solo, de por qué unos equipos concentran tanto de ese gasto y otros tan poco.
La propuesta que no se veía desde 1994
En 2026, por primera vez desde la huelga de siete meses y medio que canceló la Serie Mundial de 1994, los dueños presentaron formalmente una propuesta de tope salarial a la Asociación de Jugadores. Los términos:
Un límite de gasto para 2027 de $245.3 millones por equipo (incluyendo beneficios y fondo de bonificaciones).
Un piso mínimo de nómina de $171.2 millones, obligando a los equipos de mercados chicos a subir su gasto.
Bajo ese esquema, ocho equipos —empezando por los Dodgers— tendrían que recortar nómina, mientras que doce tendrían que aumentarla, por un movimiento combinado de 617 millones de dólares.
Los ingresos de medios locales de las 30 franquicias se centralizarían para repartirse por igual, y los jugadores recibirían una división 50-50 de los ingresos totales de la liga, sustituyendo el reparto actual.
El riesgo real no es una multa. Es un paro
El convenio colectivo vigente vence el 1 de diciembre de 2026. Y ahí está el verdadero riesgo detrás de todo esto: no es que los Dodgers vayan a ser sancionados —no lo serán, porque no han infringido nada— sino que su modelo de gasto se ha convertido en el ejemplo más visible de que el sistema actual ya no funciona como los dueños quieren, y eso los está empujando a proponer un cambio que el sindicato de jugadores, históricamente, ha rechazado con la misma firmeza con la que rechazó un tope salarial hace más de tres décadas.
Si las negociaciones se rompen, la temporada 2027 podría quedar en riesgo.
Con información de Alina Escobedo.
LECQ