Cada año, cuando se acerca el Día de Muertos, miles de hogares mexicanos se llenan de colores, flores de cempasúchil, veladoras y papel picado. Detrás de las figuras que adornan los altares existe una tradición artesanal que tiene su origen en San Salvador Huixcolotla, un municipio de Puebla donde esta actividad se ha convertido en parte de la identidad de sus habitantes.
En esta localidad, además de ser un elemento decorativo para las celebraciones, su elaboración representa un oficio transmitido entre generaciones y una actividad económica a la que se dedica buena parte de la población.
Con martillos, cinceles y plantillas, los artesanos trabajan sobre varias capas de papel de china para dar forma a calaveras, flores, figuras geométricas y otros motivos relacionados con las tradiciones mexicanas. Cada perforación requiere precisión, pues un movimiento incorrecto puede arruinar varias hojas al mismo tiempo.
El origen de esta artesanía se remonta a finales del siglo XIX, cuando los trabajadores de las haciendas de la región comenzaron a elaborar diseños sobe papel. La práctica retomó técnicas de corte utilizadas desde tiempos prehispánicos, cuando se realizaban figuras sobre papel amate, fabricado con la corteza de ciertos árboles.
Con la llegada del papel de seda, también conocido como papel de China, alrededor de 1850, los diseños adquirieron nuevas posibilidades. Este material permitió crear piezas más delicadas y coloridas, hasta desarrollar el estilo que actualmente caracteriza al papel picado de Huixcolotla.
Con el paso de los años, la actividad creció y se convirtió en un referente de la comunidad. Actualmente, los talleres familiares conservan los métodos tradicionales y producen piezas que se distribuyen en diferentes regiones de México y otros países.
La producción de papel picado aumenta considerablemente durante las semanas previas al Día de Muertos, debido a la demanda de mercados, comercios y familias que utilizan estas piezas para decorar ofrendas, viviendas y espacios públicos.
Sin embargo, el trabajo de los artesanos no se limita a esta celebración. Durante el resto del año también elaboran diseños personalizados para empresas, bautizos, quinceañeras y otros acontecimientos.
Los pedidos llegan de distintas partes del mundo, entre ellos Estados Unidos, España, Italia, Corea y Japón. Esta proyección internacional permite que una tradición originaria de un municipio poblano tenga presencia en celebraciones fuera de México.
En los talleres, las familias participan en distintas etapas del proceso: desde el diseño y corte de las figuras hasta la separación de colores y el montaje de las tiras que posteriormente se utilizan como decoración.
FBPT