La Agencia Espacial Europea (ESA) ha descubierto el cuásar más antiguo jamás observado. Este monstruo astronómico, que brilla como un billón de soles, se formó poco más de 670 millones de años después del Big Bang, apenas un 5% de la edad actual del universo.
El telescopio espacial Euclid captó 31 cuásares, de los cuales dos serían los más antiguos observados.
La misión Euclid fue lanzada en 2023 para medir la aceleración del universo.
Nota relacionada:
¿Qué forma tiene el universo?
En 2023 fue lanzado desde Cabo Cañaveral, en Florida, el telescopio espacial Euclid. Llamado así por Euclides, el “padre de la geometría”, este telescopio fue diseñado para medir los efectos de la materia oscura y la energía oscura.
El nombre del telescopio no es azaroso: en la escuela nos enseñaron que la suma de los tres ángulos de cualquier triángulo siempre sumará 180 grados. Pero esto solo es cierto en un área plana, lo que llamamos una geometría euclidiana.
Si intentamos sumar, por ejemplo, los ángulos de un triángulo que se forma sobre tres ciudades del planeta Tierra, el resultado será diferente, superior a los 180 grados. Esto se debe a que la Tierra no es plana.
El mismo fenómeno podría repetirse con la forma del universo. Nuestras mediciones indican que el cosmos es plano. Lo sabemos porque cuando hemos medido los triángulos que se forman con estrellas y galaxias distantes, la suma de los ángulos suma 180 grados.
Pero esto no es prueba suficiente y nuestros cálculos podrían estar errados. Por ello, la Agencia Espacial Europea diseñó un telescopio capaz de mirar las galaxias más lejanas, por lo mismo las más antiguas del universo, y medir qué forma tiene el cosmos, así como la influencia de la materia oscura y la energía oscura en la velocidad a la que se expande.
Las tres posibles formas del universo
Las mediciones del telescopio espacial Euclid pueden arrojar tres resultados posibles:
Un universo plano: Sin importar qué tan lejos miremos, cuando se miden los ángulos del universo, estos suman 180 grados, lo que confirmaría que vivimos en un universo plano como una hoja de papel, con una geometría euclidiana.
Un universo con forma esférica: Si la medición de un gran triángulo galáctico formado con los puntos más lejanos del universo sumara más de 180 grados, el universo tendría una forma esférica.
Un universo con forma de silla de caballo: Si los ángulos de este triángulo hipotético sumaran menos de 180 grados, querría decir que el universo tiene una forma hiperbólica.
¿Qué son los cuásares?
En el camino para encontrar la forma del universo, el telescopio Euclid ha tenido la oportunidad de mirar en la infancia del cosmos.
Recordemos que cuando hablamos de distancias astronómicas, mirar lejos en el espacio es también mirar lejos en el tiempo. Si observamos una estrella ubicada a mil millones de años luz, estamos viendo también una estrella que vivió hace mil millones de años.
Por ello, mientras más lejos mira el telescopio espacial Euclid, más profundo mira en el pasado del universo. En esta búsqueda, el observatorio espacial ha hallado una multitud de cuásares que se ubican en la infancia del cosmos.
Como recordamos, un cuásar es un objeto astronómico que se forma en los centros de las galaxias. Los agujeros negros al centro de estas son tan masivos, que forman un disco de acreción donde la materia gira a velocidades enormes, lo que genera un intenso brillo.
Es común que los cuásares arrojen grandes chorros de partículas. Estas explosiones están entre las más fuertes de todo el universo.
El cuásar más antiguo que hayamos visto, en la infancia del universo
El telescopio espacial Euclid ha reportado, en concreto, el hallazgo de 31 de los cuásares más antiguos jamás encontrados. Dos de estos gigantescos núcleos galácticos tenían apenas 670 millones de años de edad; esto equivale apenas al 5% de la edad actual del universo.
Daming Yang, astrofísico de la Universidad de Leiden en los Países Bajos y autor principal del artículo sobre el descubrimiento realizado por Euclid, declaró en un comunicado a la ESA:
“Estos cuásares primitivos datan de la infancia del universo. Al encontrarlos y estudiarlos, podemos comprender mejor cómo se formaron y crecieron tan rápidamente estos enormes sistemas, uno de los mayores misterios de la astrofísica”.
El científico señala que estas observaciones son apenas el principio de los resultados que puede entregar Euclid en el futuro:
“Euclid supone un verdadero punto de inflexión. Antes, solo podíamos encontrar un puñado de los cuásares antiguos más brillantes, pero Euclid nos permite buscar de forma mucho más eficiente en vastas áreas del cielo para capturar luz mucho más tenue. Es una herramienta única para la búsqueda de cuásares”.