El telescopio espacial Hubble ha captado cómo una nova lanza “balas” a 32 millones de kilómetros por segundo. El fenómeno se añade a la amplia lista de rarezas por las que la nova V445 Puppis aún maravilla e intriga a los astrofísicos.
Una nova de helio en el corazón de la constelación de Puppis
En el año 2000, astrónomos de la Universidad de Kioto, en Japón, detectaron un brillo inusual al interior de la constelación de Puppis (“popa”, en latín). Se trataba de una nova, una explosión amplia, que suele ocurrir en sistemas binarios donde interactúan ambas estrellas.
Su nombre viene del latín nova, que indicaba que había una “nueva” estrella. Pero en realidad, las novas son eventos violentos donde una enana blanca comienza a absorber el combustible de su compañera.
La nova descubierta por la Universidad de Kioto no era una nova cualquiera. Pronto, los astrónomos notaron que V445 Puppis, como fue bautizada, tenía una peculiaridad. Según las sospechas de los científicos, la enana blanca no estaba absorbiendo el hidrógeno de la estrella que le acompañaba, sino el helio.
Las estrellas brillan porque fusionan el hidrógeno en átomos de helio. Esta reacción termonuclear libera una gran cantidad de energía.
¿Pero qué pasa cuando una estrella se ha agotado el hidrógeno? Como hemos explicado previamente al hablar del inevitable futuro del Sol, en estas circunstancias una estrella comienza a fusionar el helio en elementos más pesados, como el carbono.
La primera gran sorpresa que V445 Puppis dio a los astrónomos es que fue la primera nova de helio en ser detectada en la historia. En este sistema binario, la enana blanca estaría “destripando” a su compañera, arrancándole el helio, lo que genera explosiones aún más violentas que las que producen las novas comunes alimentadas por hidrógeno.
La nova que arroja balas a 32 millones de kilómetros por hora
Ahora, el telescopio espacial Hubble ha volteado hacia la nova V445 Puppis y ha descubierto un nuevo enigma. La nova de helio arroja “balas” a una velocidad difícil de concebir: 32 millones de kilómetros por hora. La cifra puede sonar difícil de calcular.
Queda claro que estas explosiones arrojan materia a gran velocidad, ¿pero cuánta velocidad exactamente? Estas “balas” salen disparadas a un 3% de la velocidad de la luz, que viaja a 300 mil kilómetros por segundo (si quieres calcular la velocidad de la luz por ti mismo, sin salir de tu cocina, te explicamos cómo en este experimento casero).
¿Y de qué están compuestas las “balas” que arroja V445 Puppis? John Mills, investigador y estudiante de doctorado de la Universidad de Warwick, sospecha que se trata de cúmulos de gas potencialmente ricos en oxígeno. En un comunicado de la Real Sociedad Astronómica explicó:
“El origen de estos proyectiles es un misterio. Sospechamos que se originaron después de la explosión, pero no se han observado 'proyectiles' de este tipo en ninguna otra nova”.
Según la investigación presentada esta semana en la Reunión Nacional de Astronomía de la Real Sociedad Astronómica, en Birmingham, estas observaciones confirmarían sin lugar a dudas que V445 Puppis es una nova de helio y que podría volver a resplandecer en los próximos años:
“El flujo de salida de la explosión se ha atenuado lo suficiente como para que podamos investigar su origen, y así confirmar que el sistema estelar consiste, en efecto, en una enana blanca que absorbe material de un tipo de estrella extremadamente raro llamada estrella de helio”.
Una curiosidad sobre el origen de la constelación Puppis
Puppis es una de las constelaciones más fascinantes que se pueden observar desde el hemisferio sur del planeta. Su nombre hace referencia a una parte de un barco porque, en realidad, es la parte de un barco.
Cuando Ptolomeo hizo su célebre catálogo de constelaciones hace dos milenios, incluyó a la constelación Argo Navis, es decir, “la Nave Argo”. Por supuesto, esta constelación hacía referencia al mito griego de los argonautas, el grupo de héroes comandado por Jasón, que salió en busca del vellocino de oro.
El problema de Argo Navis es que era una constelación demasiado grande. Por ello, en el siglo XVIII, el astrónomo Nicolas-Louis de Lacaille la dividió en tres constelaciones de menor tamaño: Carina, la Quilla, Vella, las Velas y Puppis, por la popa del barco de los argonautas.