¿Qué ocurrirá con la vida en la Tierra cuando el Sol siga envejeciendo y el planeta sea cada vez más caliente? Esa es la pregunta que un grupo de científicos intentó responder mediante un complejo modelo climático capaz de proyectar la evolución del mundo durante miles de millones de años. Sus hallazgos, publicados en la revista Journal of Geophysical Research: Atmospheres, ofrecen una nueva perspectiva sobre el futuro del planeta y de los seres vivos que lo habitan.
Durante décadas, los investigadores pensaron que la vegetación desaparecería mucho antes de que la Tierra llegara a su etapa final. Sin embargo, el nuevo estudio sugiere que algunas formas de vida podrían resistir mucho más tiempo de lo previsto, gracias a una capacidad de adaptación que hasta ahora había sido subestimada.
Tras analizar distintos escenarios, el equipo científico concluyó que la biosfera vegetal —es decir, el conjunto de plantas y organismos que realizan fotosíntesis— podría mantenerse hasta unos 1,800 millones de años a partir de ahora, una estimación muy superior a la planteada por investigaciones anteriores.
La explicación está en dos procesos naturales que ocurren a una velocidad imperceptible para la humanidad. Conforme el Sol envejece, su brillo aumenta gradualmente, por lo que la Tierra recibe cada vez más energía y su temperatura sigue elevándose. Al mismo tiempo, los niveles de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera disminuyen debido a procesos geológicos naturales.
Aunque el CO₂ suele asociarse con el calentamiento global, también es un ingrediente esencial para la vida vegetal, ya que las plantas lo utilizan para realizar la fotosíntesis, el proceso mediante el cual producen el oxígeno que respiran la mayoría de los seres vivos y generan la energía necesaria para crecer.
Para estimar cómo responderá la Tierra a estos cambios, los investigadores desarrollaron un modelo climático tridimensional mucho más completo que los utilizados en estudios previos. El sistema simuló la evolución de variables como la temperatura, las precipitaciones, la formación de nubes, la circulación atmosférica y el comportamiento de los océanos, con el fin de recrear el aspecto que tendría el planeta dentro de miles de millones de años.
Plantas con ventajas
Los resultados mostraron que la vegetación no desaparecería de forma repentina cuando el dióxido de carbono alcanzara niveles muy bajos. Algunas plantas cuentan con mecanismos que les permiten aprovechar ese gas con mucha mayor eficiencia, lo que les daría una ventaja para sobrevivir en un ambiente mucho más cálido y seco.
Entre ellas están las especies con metabolismo CAM, un tipo especial de fotosíntesis que reduce la pérdida de agua y les permite captar dióxido de carbono principalmente durante la noche. En este grupo se encuentran los cactus, los agaves, diversas plantas suculentas y algunas orquídeas, por lo que serían candidatas a convertirse en las últimas representantes de la vegetación terrestre.
Los científicos aclaran que el estudio no significa que toda la vida desaparecerá exactamente dentro de 1,800 millones de años. La investigación se centra en el futuro de los organismos que realizan fotosíntesis, mientras que algunas formas de vida microscópica podrían persistir aún más tiempo en ambientes extremos.
De hecho, los autores sostienen que su trabajo ofrece una visión menos pesimista de la que se tenía hasta ahora. "La vida útil de la biosfera terrestre está limitada por el aumento constante de la intensidad solar a medida que envejece", escriben en el estudio. Sin embargo, también concluyen que la vida ha demostrado una extraordinaria capacidad para adaptarse a condiciones cambiantes.
Por ello, su mensaje final es claro: "Sugerimos que la hipótesis por defecto para el futuro de nuestro planeta es que la vida sobrevivirá al menos mientras exista la Tierra".
Aunque ese escenario se encuentra tan lejos en el tiempo que supera por mucho la existencia de la humanidad y de nuestra propia civilización, la investigación ofrece una de las proyecciones más completas realizadas hasta ahora sobre el destino de la Tierra y demuestra que, incluso frente a transformaciones extremas, la vida podría resistir mucho más de lo que alguna vez se imaginó.