En la alcaldía Iztapalapa, Ciudad de México (CDMX), científicos de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) desarrollaron un proyecto que evita que miles de litros de bebidas alcohólicas decomisadas terminen directamente en el drenaje. En lugar de desecharlas, los investigadores las incorporan a un sistema de tratamiento biológico capaz de aprovechar sus componentes para producir biogás y obtener agua residual tratada que puede reutilizarse dentro de las instalaciones universitarias.
La iniciativa aprovecha principalmente bebidas confiscadas por las autoridades en Iztapalapa y zonas conurbadas, entre ellas ron, vodka y otros licores cuya comercialización se realizaba sin los permisos correspondientes. El objetivo es darles un destino útil y reducir el impacto que provocaría desechar grandes cantidades de alcohol directamente en el sistema de drenaje.
Hasta 1,800 litros de bebidas decomisadas llegan cada año a la UAM
El volumen que recibe la universidad muestra la dimensión del proyecto. Cada año llegan a las instalaciones de la UAM entre 1,500 y 1,800 litros de distintos licores decomisados, los cuales son incorporados a un sistema especializado de tratamiento biológico.
Florina Ramírez Vives, investigadora del Departamento de Biotecnología de la UAM, explicó que el proyecto surgió de la necesidad de encontrar una alternativa al desecho de estas bebidas y aprovechar sus características para otros procesos.
“La idea era no tirarlas al drenaje, sino darles un proceso que pudiera en un momento dado servir para algo. Puede ser ron, puede ser vodka, algunas de ellas. Estas bebidas alcohólicas vienen de las confiscadas en las zonas urbanas de la alcaldía, que ellos las recogen porque están vendidas sin permiso.”
El traslado también forma parte de una operación que se repite conforme las autoridades acumulan producto decomisado. Trabajadores llegan hasta la universidad con cajas e incluso camionetas cargadas con las bebidas, que posteriormente son depositadas para comenzar su procesamiento.
Ramírez Vives describió parte del recorrido que realiza el líquido una vez incorporado al sistema.
“Entonces vienen trabajadores con cajas o con camionetas cargando las bebidas alcohólicas y las depositan aquí. El agua sube por esa tubería color verde y pasa ese conito, de esa manera es un sedimentador.”
Una planta de más de 30 años convierte los residuos en un recurso aprovechable
El tratamiento continúa en la Planta Piloto 9 de la UAM, una instalación construida hace más de 30 años para el tratamiento de aguas residuales y la producción de biogás. En este espacio, microorganismos participan en la transformación de los compuestos presentes en el líquido, lo que permite aprovechar materiales que de otra manera serían considerados únicamente residuos.
Uno de los datos que permite dimensionar el funcionamiento del sistema es su flujo: aproximadamente 1 litro de agua por segundo pasa por el reactor. Allí ocurre el proceso biológico necesario para tratar el líquido y degradar componentes como el etanol presente en las bebidas alcohólicas.
La especialista del Departamento de Biotecnología detalló cómo interviene el reactor durante esta etapa.
“El flujo del agua del reactor es de un litro aproximadamente por segundo, entonces se llena o se va al reactor y ya el reactor hace lo que tiene que hacer con los microorganismos para que salga ese proceso del etanol.”
El agua tratada ya tiene un segundo uso dentro de la universidad
El proyecto no termina con el tratamiento de las bebidas. Una vez que el agua pasa por el proceso correspondiente, es almacenada en una cisterna y posteriormente reutilizada para actividades como el riego y la limpieza de las instalaciones universitarias.
De esta manera, un producto decomisado que originalmente podía terminar en el drenaje entra en un esquema de aprovechamiento que combina tratamiento biológico, producción de biogás y reutilización de agua tratada. La comunidad universitaria considera que experiencias de este tipo podrían adquirir mayor relevancia frente a los problemas de abastecimiento que enfrenta la Ciudad de México, aunque su ampliación requeriría infraestructura, coordinación y respaldo institucional.
El proyecto de Iztapalapa apunta a un problema mayor: la escasez de agua
Para los investigadores, la experiencia desarrollada en la UAM también permite mostrar el potencial que tiene el tratamiento y reúso de aguas residuales en una ciudad sometida a una fuerte presión sobre sus recursos hídricos. Llevar proyectos de este tipo a una escala mayor dependería, entre otros factores, de la participación de las autoridades y de políticas que impulsen el aprovechamiento del agua tratada.
Florina Ramírez Vives señaló que existe la posibilidad de ampliar este tipo de iniciativas, pero consideró indispensable contar con apoyo gubernamental. También advirtió sobre la urgencia de atender el problema del agua en la capital.
“Claro que sí se podría, pero se necesita el apoyo principalmente, yo creo, en el caso de las bebidas confiscadas, de parte del gobierno que verdaderamente le interese. El agua residual se tiene que tratar porque en el 2030 la Ciudad de México se queda sin agua potable, y eso lo sabemos desde hace más de 20 años.”
Aunque la afirmación de que la CDMX podría quedarse sin agua potable en 2030 corresponde a la especialista y no debe interpretarse como una fecha científicamente establecida para un agotamiento total del suministro, el proyecto pone sobre la mesa una cuestión clave: cómo reutilizar recursos que hoy se desperdician. En Iztapalapa, miles de litros de alcohol decomisado ya forman parte de un proyecto que busca convertir un residuo en biogás y agua aprovechable.
Con información de Natalia Begné.