¿Qué es la libertad? ¿Para qué vamos a la universidad? ¿Qué es “aprender a pensar”? En 2005, el novelista David Foster Wallace pronunció un discurso sobre la importancia de la educación y la responsabilidad que hoy todavía brilla por su inteligencia. Te contamos cómo Esto es agua se convirtió en un texto imprescindible sobre los problemas de la vida diaria y sobre la importancia de aprender a razonar aún en la fila del súper y por qué incluye la mejor definición práctica de la libertad.
El último escritor estadounidense que se convirtió en rockstar
David Foster Wallace no fue un escritor cualquiera: pese a que escribía de forma desafiante, gozó de una enorme popularidad durante los años noventa y dos mil. En 1996, a los 34 años, lanzó la novela La broma infinita, una obra de más de mil páginas, escrita con una prosa compleja y maximalista, que giraba alrededor de una película tan graciosa que mata a quien la mira.
Contrario a lo que podría pensarse, la novela se convirtió en un éxito de ventas y su autor consiguió la exposición que tendría una estrella de rock. Además de su célebre novela, Foster Wallace consiguió una notoria popularidad por sus libros de relatos y sus crónicas. De entre estos volúmenes acaso el más famoso sea Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, que incluye la crónica homónima sobre un viaje en crucero.
Aquel texto alcanzó tal grado de popularidad que inspiraría años más tarde un capítulo entero de Los Simpson, “Algo muy divertido que Bart no volverá a hacer”, donde Bart engaña a los pasajeros de un crucero para extender indefinidamente su estancia en altamar. El propio autor hace un cameo silencioso.
El día en que David Foster Wallace preguntó a un montón de jóvenes peces qué es el agua
Ajeno a la facilidad, que no al humor, David Foster Wallace nunca escribió nada cercano a un libro de autoayuda. De hecho, solía decir que los escritores fáciles en el fondo menospreciaban a sus lectores. Sus textos de ficción y no ficción, por el contrario, siempre se distinguieron por exigir un esfuerzo del lector, así como por recompensarlo con grandes dosis de carcajadas.
La única vez que hizo algo semejante a un texto moralmente aleccionador ocurrió en 2005, cuando el escritor y profesor universitario fue invitado a dar un discurso durante la ceremonia de graduación de la Universidad de Kenyon. Como lo atestiguan los videos del acto que aún sobreviven en YouTube, el autor portó la toga protocolaria, aunque no amarró su pelo largo y revuelto, donde habló sobre la libertad, la importancia de la educación y la importancia de pensar de forma crítica en cada esfera de nuestras vidas y no solo en las aulas.
Aquel discurso que David Foster Wallace escribió para dinamitar el género del texto motivacional, iniciaba con una anécdota protagonizada por dos peces:
“Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y se encontraron por casualidad con un pez mayor que iba nadando en dirección contraria. El pez mayor los saludó con la cabeza y les dijo: ‘Buenos días, chicos, ¿Cómo está el agua?’ Los dos peces jóvenes siguieron nadando un trecho, por fin uno de ellos miró al otro y le dijo: ‘¿Qué demonios es el agua?’”
“La auténtica libertad” según David Foster Wallace
Después de esta anécdota, el autor de La broma infinita no dudó en aclarar que no buscaba hablar a su audiencia desde un pedestal moral: “Yo no soy un pez viejo y sabio”. En cambio lo que siguió fue un discurso honesto y revelador sobre lo que significa la importancia del pensamiento crítico en la vida cotidiana y cómo no dejarse atrapar por “la configuración de fábrica” de nuestra mente, esa que nos hace creer que somos el centro del universo y que solo nuestros problemas tienen relevancia; esa que nos lleva a perder los estribos en la fila del supermercado o en el tráfico.
Lejos de presentar consejos llanos y conclusiones prefabricadas, David Foster Wallace medita sobre qué se supone que aprenden los jóvenes en un aula universitaria y cómo “aprender a pensar” significa más bien que uno tiene “la libertad de elegir en qué pensar”; uno puede elegir en todo momento seguir “la configuración de fábrica” o, por el contrario, puede ser consciente de las cosas que tienen una importancia mayor:
“El tipo realmente importante de libertad implica atención, y disciplina, y esfuerzo y ser capaz de preocuparse por otras personas y sacrificarse por ellas, una y otra vez, en una infinidad de pequeñas y nada apetecibles formas, día tras día. Esa es la auténtica libertad”.
Y añade:
“Y esa libertad consiste en que te enseñen a pensar”.
Hacia el final de su discurso, David Foster Wallace llama humildemente a los jóvenes que tenía enfrente a entender que “la verdad con V mayúscula tiene que ver con la vida antes de la muerte”. Y agregó:
“Tiene que ver con el verdadero valor de una verdadera educación, que no pasa por las calificaciones ni los títulos y sí en gran medida por la simple conciencia: la conciencia de que algo es tan real y tan esencial, que está oculto delante mismo de nuestras narices y por todas partes, que nos vemos obligados a recordarnos a nosotros mismos una y otra vez: Esto es agua”.
Después de la muerte del autor, en 2008, el discurso íntegro que compone Esto es agua fue publicado en forma de libro. En español lo edita la editorial Penguin Random House. Pero desde el año en que David Foster Wallace lo pronunció, aquel discurso se convirtió en una suerte de “ensayo viral”, con varias transcripciones que circularon profusamente por Internet.
Tampoco se quedó atrás el video de la ceremonia que aún sigue en YouTube. Puede ser que el autor de La broma infinita no fuese un pez viejo y sabio, pero sus palabras siguen resonando veinte años después.