Luego de que Javier Aguirre, DT del TRI, expresara su inconformidad ante la posibilidad de que este domingo 5 de julio México e Inglaterra se enfrenten en el Estadio Sede CDMX al mediodía, en un clima más caluroso de lo que se había contemplado, aquí en N+ te decimos cómo afecta el calor a los jugadores según la ciencia.
Aunque se espera una temperatura templada de 25 grados, la humedad puede modificar el calor que perciben los futbolistas.
Si un jugador no puede disipar el calor, su desempeño y aun su salud se pueden ver comprometidos.
¿Qué tan calurosos son 25 grados?
El mediodía del domingo, cuando México e Inglaterra salten a la cancha del Estadio Sede CDMX, el clima en la Ciudad de México será ligeramente caluroso. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) anticipa una temperatura máxima de 25 grados centígrados, aunque fácilmente se podría saltar a los 26 grados, en función de la nubosidad.
Esta temperatura, común en los veranos de la capital, podría parecer idónea para la actividad física. No obstante, no es el único ingrediente que debemos tomar en consideración.
La primera gran pregunta que debemos responder es: ¿cuánto calor es mucho calor? Es fácil suponer que, si el cuerpo humano tiene una temperatura promedio de 36.5 grados, entonces cualquier valor inferior es soportable e incluso cómodo.
Vayamos al principio: ¿qué es el calor?
Sin embargo, nuestro cuerpo necesita desprenderse todo el tiempo del exceso de calor que va generando. La temperatura solo indica qué tan rápido se mueven los átomos. Si están muy quietos, consideramos que hace frío.
Si se mueven mucho, nosotros lo interpretamos como calor. Una olla de agua hirviendo no es más que un montón de moléculas de agua que se mueven a una velocidad tan grande que comienzan a perder su forma líquida y pasan a convertirse en gas.
El cuerpo produce calor, quiera o no
Cualquiera que tome el camión durante una dura mañana de invierno notará que en ocasiones el motor parece calentar toda la unidad. Esto no se debe a que el conductor quiera protegernos y prenda la calefacción. Se debe a que el motor produce un calor remanente.
La combustión de la gasolina se convierte en movimiento, pero toda esa energía puede utilizarse. El remanente se propaga en forma de calor.
Lo mismo pasa, para bien y para mal, en nuestro cuerpo: la maquinaria de nuestras células produce calor. Y este no siempre se puede utilizar. Por ello tenemos un sistema de calefacción en extremo eficiente. Cuando sudamos, nuestra piel permite que salga el líquido porque este transmite de forma más eficiente el calor. En un ambiente óptimo, el agua se evapora y se lleva el exceso de temperatura.
Es exactamente el mismo fenómeno que ocurre cuando soplamos sobre una taza de café. Este no se enfría porque tengamos el aliento del Rey Helado, sino porque nuestro aliento empuja el aire húmedo y tibio que flota sobre la taza y permite que sea reemplazado por aire más seco y con menos temperatura.
El fantasma del golpe de calor
Pero este sistema tiene un fallo: si hay demasiada humedad en el ambiente, soplar y sudar servirá de poco. Para bajar la temperatura del cuerpo, es imprescindible que el ambiente no se sature de humedad.
Cuando la cantidad de agua a nuestro alrededor es tanta como el resto del cuarto es idéntica, se vuelve imposible evaporar el sudor y que se lleve el calor remanente. No hay a dónde moverlo.
Entonces el cuerpo se sobrecalienta. Nuestro organismo tiene un margen de acción donde puede operar cómodamente. Pero pasado el umbral de los 39 grados, empezamos a correr el riesgo de sufrir un golpe de calor.
En estas circunstancias, un paciente sufrirá confusión, mareos y podrá perder la consciencia. También podemos sufrir vómitos y la piel se pondrá roja.
La carga sobre el organismo es tan fuerte que puede haber daños en los órganos. El corazón y el cerebro son especialmente susceptibles.
¿Nos puede dar un golpe de calor a 26 grados?
Como ya habremos entendido para este punto, a la hora de medir la seguridad de los jugadores se debe considerar no solo la temperatura, sino también la humedad. Si este último factor es muy elevado, el golpe de calor puede llegar aun a 26 grados centígrados.
Hay una forma de combinar en una sola medición estos factores: es la temperatura de bulbo húmedo. Y según esta escala, los peligros comienzan a aparecer precisamente cuando se alcanzan o rebasan los 26 grados.
También debemos considerar que no es necesario llegar al extremo de un golpe de calor. Si está deshidratado o acalorado, un jugador verá mermado su rendimiento mucho antes, sea mexicano o inglés.
Previo al inicio del Mundial 2026, especialistas señalaron que 26 encuentros podrían disputarse en niveles iguales o superiores a 26 grados de temperatura de bulbo húmedo.
Uno de esos encuentros podría ser el de la Ciudad de México entre El Tri e Inglaterra. El próximo domingo, los jugadores bien podrían padecer una baja en el rendimiento aunque su salud no esté en riesgo crítico.
¿Un jugador puede sufrir un golpe de calor?
Podría pensarse que los jugadores profesionales pueden anticipar cuándo están cerca de un golpe de calor. Pero la verdad es que el cuerpo puede confundirse con mucha facilidad y puede ignorar las señales de advertencia en medio de situaciones de gran estrés.
Científicos han advertido que varias sedes del Mundial 2026 no eran seguras para los jugadores. El cambio climático ha modificado de forma dramática las condiciones meteorológicas del verano en Norteamérica, y hay más calor y más humedad que en el Mundial de 1994.
¿Y si ya no se jugaran los mundiales en verano?
La FIFA lanzó las pausas de hidratación para esquivar estos riesgos. No obstante, especialistas en salud del deporte han advertido que estas medidas podrían ser insuficientes. La especialista Friederike Otto ha sugerido que las pausas sean incluso más largas:
“Está claro que las pausas de tres minutos que ha adoptado la FIFA para todos los partidos son demasiado cortas para tener un efecto significativo en la rehidratación y en la refrigeración del cuerpo. Deberían durar al menos seis minutos”.
La solución podría ser radical: algunos proponen ya no jugar mundiales en el verano boreal y mover las competencias hacia el otoño o el principio de la primavera.
También deben adecuarse los estadios. Durante su renovación, el Estadio Sede CDMX incorporó tecnología que permite ventilar con mayor eficiencia la cancha, pero esta solución podría no ser idónea para todos los estadios ni todas las sedes.