En diciembre de 2025 se anunció que se implementarían dos pausas de hidratación durante los partidos para el bienestar de los jugadores. Y hoy, para muchos aficionados, el Mundial 2026 será recordado por la llegada definitiva de las pausas de hidratación. En tanto, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, dijo que analizarán qué medidas se podrían tomar en futuros torneos "en función de esta experiencia".
¿Pero qué dice la ciencia sobre estas interrupciones?
Aficionados y selecciones han puesto en duda la pertinencia de estos momentos que cortan el ritmo del partido.
Científicos advirtieron poco antes del torneo que hasta 26 partidos se jugarían en condiciones de calor extremo.
La controversia de las pausas de hidratación
Oficialmente duran 3 minutos, pero para los aficionados pueden sentirse como una eternidad. Se trata de las pausas de hidratación, acaso la incorporación más controversial del Mundial 2026.
Capaces de cortar o cambiar el ritmo de un partido y convertirse ante todo en una pausa táctica, estos descansos obligatorios podrían ser a la postre tan influyentes para el futbol como lo fue en su momento la llegada de las tarjetas rojas durante México 70. Incluso otras modificaciones mayores del reglamento, como la prohibición de cesión al portero en 1992, fueron saludadas como aportaciones que fomentaban el espectáculo.
En cambio, ahora muchos participantes no han dudado en criticar las pausas de hidratación. Por ejemplo, Marcelo Bielsa, entrenador de Uruguay, no dudó en calificarlas como una carga:
“No le agregan nada y le quitan mucho, cuando se dividió en cuatro [el partido] no se pensó en el futbol, se pensó en otras repercusiones”.
¿Son necesarias las pausas para hidratación?
Desde la ciencia médica, los expertos se han mostrado a favor de las pausas de hidratación que han debutado de forma programada en este Mundial 2026. En mayo de este año, apenas un mes antes del inicio del torneo, la red de científicos World Weather Attribution (WWA) lanzó una “carta abierta a la FIFA” en la que advertían por las altas temperaturas que habría en la cancha.
Según advirtió la organización, una cuarta parte de los partidos del Mundial podrían disputarse en condiciones de calor riesgosas para los jugadores. Friederike Otto, profesora de ciencia del clima en el Imperial College de Londres y cofundadora de WWA, declaró a la agencia AFP que los riesgos eran consecuencia del cambio climático.
Según la especialista, debería cuestionarse, incluso, la tradición de celebrar torneos de este tipo en la época más calurosa del año:
“Nuestra investigación demuestra que el cambio climático tiene un efecto real y medible sobre la viabilidad de organizar Copas del Mundo durante el verano en el hemisferio norte”.
Para los expertos, las condiciones meteorológicas de Norteamérica no son las mismas que hubo en el Mundial de 1994, la última vez que la copa había visitado el subcontinente. Y este endurecimiento del clima sería obra del cambio climático.
Para llegar a esta conclusión, los científicos analizaron los 104 partidos disputados en dieciséis estadios. Según sus conclusiones, 26 encuentros del Mundial se jugarán en condiciones de riesgo, con niveles iguales o superiores a 26°C de temperatura de bulbo húmedo.
De entre estos partidos, al menos cinco podrían superar los 28°C de temperatura bulbo húmedo. La escala de bulbo húmedo no mide meramente la temperatura, sino también cómo se disipa el calor en condiciones de humedad extrema.
Cuando la humedad satura el ambiente, es más difícil para el cuerpo humano regular la temperatura corporal. Pensemos en cómo funcionan los ventiladores convencionales: estos no “enfrían” como tal el aire (de hecho, en un cuarto sellado, de hecho elevarían el termómetro), sino que dispersan el aire caliente alrededor de nosotros y permiten que se reemplace por uno más fresco.
Pero este efecto refrescante se vuelve difícil de conseguir a medida que se satura de humedad el ambiente. De ahí que incluso temperaturas moderadas sean capaces de volverse un riesgo para la salud.
Al respecto, un estudio de 2024, publicado en Scientific Reports, había señalado ya que más de la mitad de los estadios tenían la posibilidad de presentar altas temperaturas. En el estudio dirigido por la científica Katarzyna Lindner-Cendrowska, de la Academia Polaca de Ciencias:
“Diez de las dieciséis sedes de la Copa Mundial tienen un riesgo muy alto de experimentar condiciones de estrés térmico extremo”.
Este estudio advertía que los dos estadios con más riesgos eran los de Houston, en Texas, y los de Monterrey, en Nuevo León. Para ambas sedes, los científicos recomendaban ajustes de calendario y de horarios, para reducir los riesgos para los jugadores, pero también para optimizar su rendimiento.
Ni las pausas de hidratación serían la única respuesta ni los jugadores serían los únicos expuestos
Estas conclusiones no quieren decir necesariamente que las pausas de hidratación sean la respuesta definitiva al calor extremo.
De hecho, los especialistas advirtieron que los riesgos también estaban para los aficionados afuera de los estadios, donde no hay condiciones idóneas de sombra. En especial porque estos “no serán atendidos por numerosos médicos” en caso de un golpe de calor.
En ese sentido, Friederike Otto ha sugerido que las pausas sean, de hecho, más largas, hasta los seis minutos:
“Está claro que las pausas de tres minutos que ha adoptado la FIFA para todos los partidos son demasiado cortas para tener un efecto significativo en la rehidratación y en la refrigeración del cuerpo. Deberían durar al menos seis minutos”.
Acaso, más que repensar las reglas del futbol, habría que reconsiderar cuándo y cómo celebramos los torneos, así como lo lejos que han llegado las consecuencias del cambio climático.