En el inicio de las hostilidades, Donald Trump aseguró a los estadounidenses que sería una "pequeña excursión" que duraría unas semanas, sin embargo, han pasado más de 180 días sin que se vea una solución.
La guerra no ha terminado y los diálogos para alcanzar la paz siguen estancados, aunque Trump sostiene que, mediante las bombas y un bloqueo, ya ha devastado el liderazgo, el ejército y la economía iraní.
El efecto más claro de la ofensiva fue la muerte del ayatolá Alí Jamenei, quien perdió la vida durante un bombardeo que también mató a familiares, incluida su nieta, así como a parte de la estructura militar del régimen.
Sin olvidar que durante esa primera incursión, un ataque contra una escuela primaria asesinó a 168 menores.
Según cifras oficiales, más de 3 mil 400 personas han fallecido en Irán y unos 17 militares estadounidenses han caído desde el inicio de la conflagración.
Según ACNUR, se reportan más de 3.2 millones de desplazados dentro de Irán; mientras que en el Líbano, la cifra es de 860 mil a causa de los ataques de Israel, país que reporta hasta el momento 20 muertos.
Además, provocó una escalada en el ya de por sí inestable Medio Oriente que implicó la ofensiva de Israel contra el Líbano, que se mantiene hasta el momento.
También derivó en diferencias entre Trump y la OTAN, organización que le dio la espalda al mandatario en su avanzada para tomar el estrecho de Ormuz.
La presión también está dentro de la Unión Americana, ya no solo de la oposición, sino que cada vez más la sociedad reciente los efectos de la decisión, ya que se han gastado 37 mil 500 millones de dólares.
A esto, se une la polémica por las condiciones que viven las tropas, que reciben raciones incompletas o en mal estado, así como el mal estado de las instalaciones en los portaaviones.
En medio de estos problemas, esta semana el gobierno de Trump apuntó que centrará su atención en aumentar la presión económica -en lugar de la acción militar- para intentar acabar con Irán.
El cambio de estrategia se centra en las amenazas de castigar a cualquier país o entidad que siga haciendo negocios con Teherán.
El giro hacia el uso de sanciones como arma preferida se produce mientras la Casa Blanca evalúa la disminución de las reservas de municiones tras meses de guerra, lo que despierta la preocupación porque un conflicto prolongado pueda socavar la preparación militar estadounidense en otras partes del mundo.
A medida que el conflicto se prolonga, también parece desvanecerse el discurso de Trump sobre encontrar un final rápido a la guerra. Esta semana subrayó que "no tiene prisa" por sentar a Irán de nuevo a la mesa de negociaciones, y sigue sosteniendo que el liderazgo de la República Islámica está contra las cuerdas.
No está claro cómo Trump abordará el sexto mes de un conflicto que ya le ha costado a Estados Unidos miles de millones de dólares y ha dañado su popularidad de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre, cruciales para su partido.
La guerra de Trump se ha prolongado mucho más de lo que dijo a los estadounidenses que duraría. Eso no le impidió compartir esta semana una publicación en redes sociales que proclamaba "MISSION ACCOMPLISHED 2026" ("Misión cumplida 2026").
Trump ha reiterado constantemente que la campaña de Estados Unidos e Israel ha sido devastadora para la marina y la fuerza aérea de la República Islámica. Funcionarios iraníes han afirmado que el país ha sufrido 270 mil millones de dólares en daños directos e indirectos. Los ataques militares israelíes de las primeras semanas aniquilaron a gran parte de la estructura de liderazgo del gobierno teocrático, incluido Jamenei.
Pero Irán ha encontrado una baza a su favor en los ataques en el crucial estrecho de Ormuz, por donde se aventuran a pasar relativamente pocos buques que transportan petróleo y gas natural licuado.
A pesar de que Qatar y Pakistán, que ejercen como mediadores, siguen presionando para encontrar una salida diplomática entre ambas partes, Trump ha mostrado poco interés en retomar el acuerdo preliminar alcanzado en junio, que buscaba reabrir el estrecho e iniciar conversaciones sobre el programa nuclear de la República Islámica.
Ese acuerdo se vino abajo en cuestión de semanas después de que Irán empezó a atacar barcos.
Si bien Irán está debilitado por los ataques y las sanciones internacionales, parece que la presión no lo han amilanado. Además, no suelta el control del estrecho de Ormuz y ante este cese ha logrado rearmarse.
Por esta razón, el conflicto que pende sobre alfileres y en cualquier momento se puede reanudar sigue en el mismo punto, aunque con un alto costo político, social y económico para ambas naciones.
Con información de AP y N+
ICM