Científicos han resuelto el misterio detrás de una serie de extrañas señales de radio que fueron captadas por primera vez hace 20 años. Se trataría de estrellas vampiro y sus víctimas.
El extraño ruido había sido atribuido a púlsares.
A diferencia de las ondas de radio comunes que se hallan en el espacio, estas emisiones duraban varios minutos.
La explicación yace en el campo magnético de una estrella vampiro que choca con el de su víctima mientras la absorbe.
Las raras ondas de radio que asombraron por años a los astrónomos
Aunque cada vez sabemos más sobre los objetos del universo, los misterios que vemos en el espacio parecen cada vez más numerosos. Hace poco más de 20 años, en 2005, fue detectada por primera vez una extraña señal de radio celeste que duraba mucho más de lo normal.
En el espacio profundo hay muchos objetos que emiten señales de radio, pero estas suelen ser ráfagas que duran apenas unos segundos. En cambio, estas señales, que fueron bautizadas como transitorios de radio de largo período, pueden durar varios minutos e incluso horas.
Por años se atribuyó estas señales celestes de radio a los púlsares. En ocasiones, cuando una estrella muere en una supernova, sus restos forman una estrella de neutrones, un objeto muy denso y compacto que gira a una gran velocidad.
La mujer que descubrió los púlsares y no recibió el crédito
El primer púlsar fue descubierto por una mujer astrofísica en el Observatorio Radioastronómico Mullard, de la Universidad de Cambridge.
En 1967, Jocelyn Bell Burnell, con apenas 23 años de edad, descubrió un ruido perturbador en el cielo. Se trataba de señales de radio que llegaban en pulsos constantes cada 1.33730113 segundos.
La regularidad de este pulso podría haber sido fácilmente confundida con una fuente artificial, como la señal de radio que lanzaría una civilización extraterrestre. Por ello, Bell Burnell nombra la señal como LGM1, siglas de Little Green Man 1, u Hombrecito Verde, en español.
En colaboración con su asesor de doctorado, Antony Hewish, Bell Burnell continuó investigando el fenómeno y encontró otras fuentes semejantes de pulsos regulares. Pronto determinaron que estas fuentes de ondas de radio eran naturales y las nombraron como púlsares.
Antony Hewish recibiría años más tarde el Premio Nobel por este descubrimiento, mientras que Bell Burnell quedaría relegada por haber sido una estudiante de doctorado y acaso por misoginia. Aunque estaba bajo la tutela de Hewish, había sido la primera en detectar estas señales.
Las estrellas vampiro que se comen a sus hermanas
Ahora sabemos que los púlsares son estrellas de neutrones que giran tan rápido que la radiación que emiten desde sus polos adquiere un patrón regular.
A la versión extrema de estas estrellas se les llama magnétares, debido a los fuertes campos magnéticos que desarrollan. Cuando fueron descubiertos los transitorios de radio de largo período, se atribuyó la responsabilidad a los magnétares.
Ahora, una investigación de la Universidad de Sídney encontró que estas largas señales de radio serían en realidad obra de estrellas vampiros. Según el estudio liderado por el astrofísico Kovi Rose, estas señales serían provocadas por los choques de los campos magnéticos que ocurren entre una estrella vampiro y su víctima.
Aunque nuestro Sol se ha desarrollado en soledad, en realidad esta no es por completo la norma. En el universo es muy común que las estrellas vengan en pares, a los que llamamos sistemas binarios.
Estos sistemas pueden seguir aún después de la muerte de una estrella. En el caso de las estrellas vampiro, se trata de una enana blanca, que en rigor ya ha muerto, pero que sigue absorbiendo la energía de una estrella enana roja.
El choque de los campos magnéticos de estas estrellas produciría las dilatadas señales que comenzaron a ser detectadas en 2005. Aunque la investigación indica que algunas de estas señales serían de magnetares, sí apunta a que varias serían obras de estas vampiras estelares que succionan a sus víctimas.